Entrevista
30/03/2017
Un panorama sobre la Industria del Juego Hoy. ¿Construimos o destruimos el sector?
Fuente: facebook.com/wgm.arg
« Hay una subestimación por parte de la opinión pública, política y también de los medios de comunicación sobre la complejidad organizativa, del nivel tecnológico implementado y de las miles de fuentes de trabajo que genera la industria de juegos de azar en Argentina. »

La industria del entretenimiento emplea a 250.000 personas. Unas 160 mil trabajan en salas de juego, otras 65 mil en agencias oficiales, más unas 25 mil que se desempeñan en el turf, en los organismos reguladores y en prestadores de servicios. Además hay una gran cantidad de empleos indirectos relacionados, en las áreas de turismo, gastronomía, tecnología, hotelería, publicidad y seguridad entre otras.

Se estima que la reducción de la planta laboral (de insistir con estas medidas tributarias que presionan al sector) será de un 20%: 2 de cada 10 trabajadores serán despedidos por una reducción de la cantidad de máquinas ya que la rentabilidad promedio por máquina descenderá bruscamente. Luego, menos cantidad de máquinas provocará un descenso en la recaudación que perciben las provincias y también, aunque en menor medida, muchos municipios. En total se estima que se percibirán $3.500 millones menos, si esto sucede. Por lo cual la estrategia no sería la adecuada si lo que se quiere lograr es que aumente la recaudación fiscal.

La regulación de los juegos de azar en la Argentina es una facultad privativa de cada provincia. Ello implica necesariamente que cada provincia que posea operaciones de juego de azar dentro de su territorio deba dictar sus propias normas y reglamentos que regulen la actividad. El estado nacional no contaría con facultades para imponer impuestos que deciden las provincias. Es por ello que esta decisión afectaría directamente a las economías locales, ya que reduce los ingresos a las provincias, que se obtienen de los juegos de azar, a través de los entes reguladores. Relacionado a ese punto, anticipan que un nuevo impuesto disminuye en consecuencia los fondos que se destinan a asistencia social en cada provincia. Al mismo tiempo, esta medida favorece directamente al juego ilegal dado que eleva la presión impositiva sobre el juego regulado y controlado.

Los actores privados del sector, desde las agencias oficiales (24.970 en todo el país), la actividad del turf en general, hasta los concesionarios de salas de juegos y casinos, efectúan el pago de los tributos, aportes y contribuciones establecidas por las respectivas leyes nacionales, provinciales y municipales, como sector de la economía formal. Además, por contratos y licitaciones preexistentes, son obligados a aportar cánones, tasas y comisiones; y a realizar inversiones en turismo, entretenimientos y asistencia social, en general.

En Argentina, el juego está regulado por el Estado desde 1893, con una carga impositiva muy importante, que es el modelo a seguir por países de Latinoamérica y del mundo.

En cuanto a los grupos empresariales uno de los aspectos característicos del sector es la dispersión de su representación empresarial. La dependencia que tiene el juego presencial de las urbes, ha impulsado la fragmentación en las negociaciones, lo que ha dividido a estas organizaciones empresariales por subsectores dentro del juego en los distintos territorios donde se desarrolla. La tendencia de estas compañías a intentar negociar sus temas por su cuenta y en su conjunto, asumiéndose una conglomeración de empresas aliadas dentro del mismo mercado y que no tienen otro objetivo que resolver los problema comunes del sector.

Este hecho genera a su vez, una heterogeneidad absoluta en lo que refiere a la regulación del juego en las diferentes jurisdicciones, y es a partir de esta premisa que se han desplegado diferentes modelos de operación del negocio a lo largo y ancho del país, que van desde la exclusividad en explotación de casinos por parte del estado hasta la privatización total de la actividad, a partir de concesiones a privados. Ello deriva a su vez en una multiplicidad de esquemas regulatorios y de controles diferentes, que tornan sumamente compleja y engorrosa su homogeneización a los efectos de elaborar una norma nacional que no colisione, obstruya o se superponga con las órbitas provinciales.

Si nos remitirnos a la teoría de juegos, es en estas situaciones donde un individuo toma decisiones dependiendo en las decisiones de otros, estos son los juegos suma cero y juegos suma no nula.

Los juegos suma cero se usan para describir situaciones donde los triunfos o la derrota de los participantes están exactamente balanceados por los triunfos o derrotas del otro. Siendo siempre cero la suma de los triunfos de ambos jugadores (uno gana y otro pierde). Por ejemplo, cortar un pastel es un juego suma cero, porque la persona que toma el pedazo más grande reduce la cantidad de pastel disponible para los demás.

En contraste existen los juegos de suma no nula o diferente a cero. Estos juegos describen situaciones donde lo jugadores participan intentando maximizar sus beneficios sin importar que los demás participantes ganen o pierdan en el intento. Situaciones donde los participantes pueden beneficiarse o perder al mismo tiempo, como el intercambio de productos entre una nación que produce un exceso de naranjas y otra que produce un exceso de manzanas, en la que ambas se benefician de la transacción, se denominan de “suma no nula“.

Lo lógico sería resolver este conflicto logrando obtener una solución que brinde una ganancia-ganancia en lugar de soluciones de ganancia-pérdida, dado que una sociedad prospera cuando todos ganan. Sería interesante saber qué tipo de juego vamos a jugar.

www.wgm-la.com

 
 
 
 
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